Debió ser el flan de coco.
Durante un rato lo miré preguntándome por qué rayos lo había pedido. A mí el coco siempre me ha dado vueltas y miedo. Luego mi mirada se posó en el pastel de chocolate y nueces bañado en chocolate caliente de la mesa de al lado y supe, cuando sentí aquel orgasmo visual, que era lo que tenía que haber pedido.
Me comí el flan de coco, porque soy muy educada, pero también un par de cucharadas del pastel de chocolate de uno de mis acompañantes.
Seguí dando vueltas toda la noche. Vueltas a ver donde tomaba el café, vueltas en la cama, vueltas a ver qué metía en la maleta….
Esta mañana he seguido dándole vueltas.
Mis amistades estos días se dividen en dos: los que quieren que les traigan de Ámsterdam costo y los que quieren tulipanes. Ni rastro del queso de bola.
Los gadgets de la barra lateral de San Google me ofrece añadir Noticias del Cosmo. Estupendo, pienso, el Cosmopolitan acabará con mis vueltas. Pero, oh, al añadir resulta que era noticias del CosmoS, así con mayúsculas, terrible si no quieres darle vueltas.
Debe ser todo cosa del flan de coco.