viernes 31 de julio de 2009

Eso que se llama vacaciones

Ya no tengo motivos para quedarme, aunque tampoco para marcharme.
Así que supongo, que terminando las vacaciones, volveré.

Un abrazo y felices vacaciones.

sábado 25 de julio de 2009

El gorrión


Sabía que así sucedería.

Nunca cerré aquella ventana por si se quería marchar. No tiene sentido retener algo que ya no te pertenece.

Había llegado como un viento huracanado. Barrió todos los rincones de mi alma, sacando a la calle las pelusas que el tiempo había hecho crecer. Yo me conformaba con tenerlo revoloteando por mi vida, como un gorrión.

Algunas veces se quedaba en el alfeizar de la ventana, mirando al cielo. Yo le espiaba de reojo, quieta, conteniendo la respiración por si echaba a volar.

Un mañana me despertó una ligera brisa de finales de verano. Abrí los ojos justo en el momento en el que volvía a alzar el vuelo. Se marchaba a ese azul límpido y sin calima del amanecer. Me volví a tumbar y soñé.

Así sucedió, tal y como siempre había sabido.


lunes 20 de julio de 2009

Espejos


Me encontré a fuerza de mirarme en todos los espejos, escaparates, puertas de cristal, retrovisores, charcos, pozos, ríos, en alguna sopera y hasta verme boca abajo en una cuchara.

Pero entonces adelanté la mano, la apoyé en la superficie del espejo y esta cedió. Me ajusté el lazo en lo alto del pelo, como Alicia, y atravesé el espejo con poco miedo y poca vergüenza, que nunca fueron dos compañeros de mi agrado.

En el otro lado del espejo se encontraba el mundo en una dimensión distinta. Una realidad que no nos refleja, simplemente se muestra, cruda o maravillosa dependiendo de los espejos en los que te mires.

Y entonces procuré reflejarme en las personas que encontraba a mi paso. Mi familia, mis amigos, enemigos, amores y desaciertos y ya tuve una idea más aproximada de mi misma.

Luego me miré en él y dudé en asomarme más a ese mar iridiscente de sus ojos, temiendo lo que pudiera descubrir en el reflejo.

miércoles 15 de julio de 2009

La cajita de música

Cuado era una niña me fascinaban las cajitas de música. Particularmente me gustaba una de color rojo, preciosa, que era propiedad de mi prima. Ella era bastante mayor que yo y por supuesto no me la dejaba. Aún así no perdía la oportunidad. En cuanto me sabía lejos de todas las miradas, me escabullía furtivamente hasta su cuarto. Allí me subía a un taburete y cogía la ansiada cajita. El corazón me latía a toda velocidad. Sabía perfectamente que estaba cometiendo algo que no debía y esa mezcla entre excitación y miedo hacía que fuera mucho más interesante.

Cuando ya tenía toda la cuerda dada era el momento de abrir la cajita. Todavía noto toda la sangre arremolinándose en mis mejillas. Es curioso pero cuando eres pequeño no mides la reacción de tus acciones, el hecho de ejecutarlas supera el después con creces. Nunca parecí entender que el objeto de mi deseo, oír la música, ver a la bailarina moverse como un poseída encima del espejito redondo, que aparecía al abrir la tapa, ese mismo acto era el que ponía fin a mi fechoría. Alertados por la música todo el mundo empezaba a buscarme y me encontraban allí, como drogada con la cajita. Por supuesto me la quitaban no se fuera a romper. Y yo siempre les miraba con la misma cara de odio y pensando que las próxima vez tendría más cuidado. Creo haber contemplado la posibilidad de secuestrar a la bailarina. No debí ser una niña fácil.

Ahora ha pasado el tiempo y tengo que reconocer que he dejado de abrir muchas cajas por muy bonitas que fueran por fuera. Otras parecían más discretas pero por algún motivo han llamado más mi atención. Que me encontré con cajas vacías de música. Que la mayoría de las veces nadie me las ha arrebatado, sino que las he cerrado voluntariamente o cuando ya la música había dejado de sonar. Que en muchas ocasiones me he convertido en la bailarina que danzaba poseída al compás de algún encantador de serpientes. Que otras cajas las tuve que cerrar antes de tiempo. Y que, en general, conforme pasa el tiempo, abro menos cajas y tengo menos esperanzas de que la música suene cuando lo hago.

Y sobre todo una vez que he abierto y cerrado una caja no la suelo volver a abrir.

sábado 11 de julio de 2009

Contraluz

Dicen que cuando te hacen una fotografía se llevan una parte de tu alma. De ser cierto, tú te llevaste la mía, toda entera, envuelta en papel cuché.

Ese verano hacía un calor agobiante. Nos habíamos trasladado a aquel pueblo del pirineo deshabitado buscando un respiro. Los días eran igualmente sofocantes pero, al menos, las noches hacían descender la temperatura. Nos acostumbramos a dormir de día para pasar despiertos las noches hasta el alba.

Me arrastraba medio dormida hasta la cocina a preparar algo de comer ya por la tarde. Luego nos tumbábamos en el sofá. Lo habíamos empujado por todo el cuarto hasta la pared cerca del baño, que era el sitio más fresco de la casa. Allí nos quedábamos durmiendo la siesta. Pegados por nuestros cuerpos, con las junturas llenas de sudor allí donde hacíamos contacto.

A medianoche revivíamos. Tú montabas el velador más lujoso del porche con una mesa de camping y unas cajas de madera. Yo te veía por la ventana de la cocina mientras elegía que íbamos a cenar.

Casi no hablábamos. Sabíamos que se acababa. Que tú te irías con el verano. A pesar de todo yo no podía dejar de ser feliz. Era un punto lejano tu partida. Era una realidad paralela que sólo se materializaría al volver a casa, a la rutina, al trabajo.

Después de cenar nos quedábamos abrazados, acariciándonos en el asiento de atrás de aquel coche. Lo habíamos cogido de un desguace y era nuestro diván de verano en la madrugada.

Cuando el cariño nos desbordaba nos mudábamos a la habitación. Y volvía a subir la temperatura, hasta que nos quedábamos dormidos bajo una leve sábana.

Los días empezaban a acortar cuando me despertó el chasquido del disparador de tu cámara de fotos.

La primera me la sisaste dormida, la segunda bostezando, la tercera frunciendo el ceño por debajo de las sábanas. Luego te pusiste a hacerme cosquillas para que saliera de mi escondite, de aquello dan fe dos fotos más.

Mi espalda, mi pelo, mis piernas cruzadas y mis hombros completan la lección de anatomía superficial.

Levantándome de la cama con la sábana medio tapándome queda una foto a contraluz que casi no se distingue. Una en la ducha, otra lavándome los dientes.

Vestida casi desnuda, en tirantes con un vestido de flores. Desnuda casi vestida por la luz del sol. Apoyada en la puerta. Mirándote suplicando que pares. Cerrando las puertas tras de mí. Enfadada, malhumorada, con el dedo amenazante. Encorriéndote con un cubo de agua.

La ráfaga de fotos inmortalizó mi caída con cubo incluido. Mis lágrimas llenan varias fotos más.

Tirada en el suelo, llorando de rabia como un niño. En la última que disparaste sale el suelo, porque ya habías acudido a socorrerme…

Lo había olvidado hasta que esa tarde cuando desperté no estabais ni tú ni la furgoneta. Un par de horas después apareciste. Traías las fotos. Me anunciaste que las viera y que era día 28. Las fui mirando. Eran preciosas.

Allí estaba yo. Pequeña, frágil y sin embargo parecía toda una mujer transformada por el amor. La luz provenía de dentro de las propias fotos. Empecé a pasarlas rápidamente por enésima vez. Entonces me percaté, yo estaba en todas y en todas estaba sola.

Las dejé con cuidado en una mesa y empecé a llenar la mochila sin mucho orden ni concierto. Me vestí recatadamente por primera vez en todo el verano. Salí con la mochila sentándome en una piedra, esperando.

Tú lo habías recogido casi todo mientras yo dormía. Pusiste una cadena a la puerta y subimos a la furgoneta sin intercambiar ni una palabra. Me bajé sin mirarte a los ojos. Arrancaste sin mirar por el retrovisor. Yo no volví la cabeza ni una vez.

Al llegar a casa busque las fotos, frenética. En algún momento conseguiste hurtármelas sin que me diera cuenta.

Y con ellas te llevaste la luz y el contraluz.

Alguna vez cuando alguien extiende un mapa del pirineo se me van los ojos a ese punto concreto donde una vez existió un pequeño paraíso.

Blog Widget by LinkWithin

Imágenes

Muchas de las imágenes las encontré vagando por internet. Si alguna es tuya y deseas que la quite, sólo tienes que decírmelo.
Gracias por tu amabilidad.

  © Blogger template 'The Comic Series' by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP