Hoy todos han hablado de la mujer trabajadora y de sus derechos.
En la mayor parte del mundo no es un problema de derechos del trabajo si no de derechos humanos.
Y en esta parte del mundo es un problema de dinero básicamente. A igual cualificación, medidas discriminatorias y menos sueldo.
Tal vez sea simplificarlo, pero yo quiero contar otra cosa.
En este lado amable del mundo lo realmente complicado empieza a ser, ser mujer, no trabajadora.
Desde que comencé a trabajar a mis dieciséis años, mientras continuaba con mis estudios, no me sentí discriminada nunca. Es cierto que probablemente he tenido que hacer algún esfuerzo más que mis compañeros varones, no lo sé. Pero no puedo decir que haya sentido la discriminación de una forma palpable.
Hace unos meses acabé también con el famoso
“techo de cristal” laboral así que puedo considerarme una mujer trabajadora con cierto éxito.
Hasta aquí todo bien.
En estos veinte años de vida laboral tengo lamentablemente que decir que sólo me he sentido discriminada cuando he querido ejercer de mujer en su sentido completo, ser madre.
Convertirme en madre hizo que a mi alrededor se dieran cuenta de que, vaya, era una mujer.
Seguir siendo trabajadora supone estar dispuesta a empaquetar a tus hijos en la guardería o contratar a alguien que los cuide, estar dispuesta a perder y perder horas de sus primeros años, a pagar porque alguien les ayude con los deberes, a oírte permanentemente que no tienes derecho (curiosa palabra) a sacrificar tu carrera, que te debes a tus años de estudio, que tus hijos están bien cuidados por quien sea, o por tus padres (como si ellos no tuvieran su descanso de vida merecido). La bola crece y crece y crece. Y ni siquiera estoy hablando de familias con problemas económicos, donde tal vez, eso sean únicas opciones.
Ni tu familia, ni tus amistades, ni los compañeros de trabajo, nadie entiende de qué hablas cuando a las exiguas dieciséis semanas, si llegan, se te rompe el corazón cuando tienes que volver al ¿trabajo?
Eres una mujer de éxito y estas no lloran. Igual que los chicos.
Hoy todos han hablado de los derechos de ser mujer trabajadora y de igualar nuestros derechos a los hombres. Pero a las políticas de todos los colores posibles se les habrá olvidado de los derechos de ser mujer a pesar de ser trabajadora.