De[s]consuelo
Con siete años alguien a quien yo ni conocía me puso una mano en el hombro y me dijo “Tú puedes con todo, tienes que ser fuerte”
Mientras, mi tía limpiaba la lápida de mi padre subida en una escalera y yo de pie sujetaba las flores en uno de los días de más cierzo de la ciudad. Miraba hacia arriba y el sol de noviembre me hacía cosquillas en la nariz.
El viento hacía salir volando todo, todo menos los muertos que permanecían dentro de sus nichos y yo me los imaginaba tumbados mirándome. No podía pensar en mi padre, “Quedó destrozado” Había oído decir a una vecina. Yo no me creía que los muertos pudieran estar ahí. Luego me ponía a pisarme los zapatos, viendo como la tierra de un zapato dejaba la huella en el otro y yo me imaginaba que había un montón de trozos de cadáveres en la tierra y que me los llevaría a casa en los zapatos inevitablemente.
De vuelta en el autobús me sentaba y pegaba la frente a la ventana diciendo“El parque de atracciones está por allí” Siempre era igual.
Durante años fue así. Al principio casi semanalmente luego más espaciado en el tiempo. Tantas veces me dijeron que podía con todo que debe ser que me lo creí y me he dedicado a vivir “pudiendo con todo”
Así que cuando algo se ha torcido en mi vida aparece alguien, como aquel desconocido del cementerio hace treinta años y me dice que puedo con todo, que llevo toda la vida haciéndolo.
A veces me pregunto si no es un truco del destino para volverme loca, en el supuesto de que me quede algo de cordura a estas alturas.
Sólo mi padre y yo sabemos que ya no es cierto. Y que tal vez esta vez sea la última vez que pueda. Porque cada vez que corro a tus brazos también me dices que sea fuerte, aunque hace tiempo que dejé de luchar contra todo y no te lo he contado.
El consuelo es otra cosa.
Mientras, mi tía limpiaba la lápida de mi padre subida en una escalera y yo de pie sujetaba las flores en uno de los días de más cierzo de la ciudad. Miraba hacia arriba y el sol de noviembre me hacía cosquillas en la nariz.
El viento hacía salir volando todo, todo menos los muertos que permanecían dentro de sus nichos y yo me los imaginaba tumbados mirándome. No podía pensar en mi padre, “Quedó destrozado” Había oído decir a una vecina. Yo no me creía que los muertos pudieran estar ahí. Luego me ponía a pisarme los zapatos, viendo como la tierra de un zapato dejaba la huella en el otro y yo me imaginaba que había un montón de trozos de cadáveres en la tierra y que me los llevaría a casa en los zapatos inevitablemente.
De vuelta en el autobús me sentaba y pegaba la frente a la ventana diciendo“El parque de atracciones está por allí” Siempre era igual.
Durante años fue así. Al principio casi semanalmente luego más espaciado en el tiempo. Tantas veces me dijeron que podía con todo que debe ser que me lo creí y me he dedicado a vivir “pudiendo con todo”
Así que cuando algo se ha torcido en mi vida aparece alguien, como aquel desconocido del cementerio hace treinta años y me dice que puedo con todo, que llevo toda la vida haciéndolo.
A veces me pregunto si no es un truco del destino para volverme loca, en el supuesto de que me quede algo de cordura a estas alturas.
Sólo mi padre y yo sabemos que ya no es cierto. Y que tal vez esta vez sea la última vez que pueda. Porque cada vez que corro a tus brazos también me dices que sea fuerte, aunque hace tiempo que dejé de luchar contra todo y no te lo he contado.
El consuelo es otra cosa.

7 ¿me hablas?:
Conmovedor y formidable, Athe.
Por mucho que nos lo digan o nos lo digamos nadie puede con todo.
Pero el consuelo es otra cosa.
A veces sólo una mano silenciosa en el hombro.
Besos.
ellos dicen que puedes con todo porque necesitan creerlo, quieren alguien en quien poder sustentarse, les aterra cada paso que dan y necesitan un guía..
por más que el guía se encuentre igual de perdidos que ellos..
a veces, muchas, no hay que poder con todo, aunque sí haya que saber vivir con ello.
El deseo de un adulto, el consuelo mal dado, creyendo que los niños por ser niños olvidan, a veces se convierte en un imperativo que rige el resto de nuestra vida.
Y sí, es cierto, podemos con todo, pero ¿tenemos que demostrarlo continuamente? A veces requiere mucho coraje decir, hasta aquí.
Requiere volver a ese momento y decirle a esa niña, ya puedes descansar, llorar si quieres, la vida cambió, pero desde hoy te libero de tu carga.
Besicos
No creo que podamos con todo. Mi historia se parece en cierto modo a la tuya, y esas situaciones nunca se superan. Uno aprende a sobrellevarlas, pero siempre cargaremos con ellas. Por eso nunca diremos 'Basta', porque esas historias forman parte de nuestra vida, y de la persona que somos hoy en día. Podremos caer a veces, pero volveras a levantarte. Porque ya has aprendido a vivir con eso.
Más que un beso, te mando un abrazo.
Si por cansancio o falta de ilusión, ya has tirado la toalla, podrás encontrar consuelo, pero... poder con todo, casi que no.
Ese viaje desde el cementerio, pasando por el parque de atracciones, hacia la ciudad, es todo un símbolo de la vida en la ciudad donde sopla el viento con fuerza
Querida Athena:
Leo tu blog desde hace varios años. Te habia perdido la pista y hoy te he reencontrado. Y ahorita que leo esta entrada comprendo porque lo habia extrañado.
Escribes cosas que uno se dice a sí mismo.
Saludos desde México.
Fran
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