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Estos días de ausencia domingo, diciembre 30, 2007 |


La enfermedad siempre nos recuerda la intemporalidad.

Son unas navidades tristes, este año con motivo. Y me siento un poco culpable por todas aquellas navidades en las que pude tener a toda la familia a mi lado y sin embargo puse mala cara.

Después de cuatro interminables semanas hemos podido de dejar de ir al hospital.

Estamos bien. Pero cuando miro a mi abuela quejándose por vivir sé que no tengo derecho a replicar. Y todavía menos a no disfrutar cada día de esta navidad y de las próximas.

Gracias a los que habéis preguntado y a los que recordasteis el solsticio de invierno, este año con el sol más quieto que nunca.

Felices fiestas y aprovechad este año que viene con un día de regalo.


Un beso y un abrazo a todos.

Paris (1) - Concordia domingo, diciembre 09, 2007 |


Cuando llegan estas fechas no puedo evitar recodar la primera vez que estuve en Paris.

Llegué una tarde de diciembre, ya había anochecido, me subí al metro y salí en la parada de la plaza de Concordia. Hacía mucho frío y el vaho que salía de mi boca añadía un viso de realidad al sueño de encontrarme allí.

Igual que en las postales el obelisco dirigía el tráfico. Miles de luces como luciérnagas perfectamente entrenadas giraban danzando a su alrededor. Crucé para poder contemplar desde el mismo centro de la plaza la Madeleine, la torre Eiffel, los jardines de las Tullerías, al fondo el Louvre y justo en el otro lado el Arco de Triunfo.

Estaba absorta mirándolo todo cuando de pronto pasó.

Desde donde yo estaba comenzaron a iluminarse todos los árboles de Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo y probablemente más lejos. Una marea de luz que parecía nacer desde el mismo obelisco, iluminando Paris en la mejor bienvenida que aquella ciudad me podía dar.

Cuando llega la calma domingo, diciembre 02, 2007 |

Ya llega.

Después de semanas de frenético trabajo veo acercarse el tsunami que arrasa las playas de mi esperanza, que hace hasta bambolearse los sólidos cimientos de mi existencia.
Pero sé que pasará que sólo es un efecto óptico producido por el cansancio.
Que siempre pasa igual.
Que siempre pasa.

Y es probable que la bajamar deje la playa llena de restos de los muebles que habitan mi alma y hasta es posible que sean en forma de miles de letras que a veces no llegan ni a ser escritas.

Y tal vez el cuarto creciente me acune o el solsticio de invierno me encuentre quieta, esperándolo.