Hoy he tenido que ir al colegio de mis hijos para ver a una profesora. Mientras esperaba en la entrada me ha llamado la atención dos hojas de periódico puestas en el corcho del pasillo.
El titular de una las hojas era el siguiente “Israel y Palestina firman la Paz”. No daba crédito a lo que leía en el rotativo. He comenzado a acercarme hacia el tablón de anuncios mientras seguía leyendo el resto de titulares “Se descubre una energía no contaminante de origen inagotable” “La ONU celebra el 10 aniversario del fin de la explotación infantil” “La capa de ozono se regenera definitivamente” “Los bancos destinarán el 50% de sus beneficios a obras sociales.”
Cuando ya estaba cerca he descubierto que me encontraba ante un magnífico trabajo escolar. El formato, la letra, la composición podían pasar muy bien por una hoja de cualquier periódico, desgraciadamente las noticias no.
A pie de página rezaba un mensaje para los alumnos “Vosotros podéis cambiarlo. El mundo es vuestro”
Tal vez ha sido sólo un momento, una milésima de segundo en la que con cara de boba he dudado o he querido dudar de si era un periódico de verdad o no. Quizás haya habido más escepticismo que otra cosa, ya se sabe que es lo que más aumenta con la edad. Lo que os aseguro es que me ha dejado un buen sabor de boca.
Me miras, con la mirada temerosa, como si creyeras que preparo una huida. Yo miro más allá calculando cuanto crédito de soledad me queda. Me miras enredar mis dedos en el pelo mientras ojeo las noticias. Yo miro en blanco y negro, tomo café, pero hace tiempo que no leo.
Me miras pensando en tomar refugio en mi cuerpo como cada día impar, de mes par, de año bisiesto. Yo miro para otro lado intentado fingir que esto no es un simulacro de incendio.
Sí se han acabado las fiestas, por fin. Es posible que yo sea esa, la amiga aguafiestas que todos tenemos, claro que yo sólo me quejo durante el arrastre al acto festivo, que, digo yo, para qué me arrastrarán.
El viernes estuve en el concierto de Aute pero esto no va a ser una reseña del mismo. Como llegué al concierto siendo que 2 horas antes ni tenía entrada es un misterio sin resolver. Hace mucho tiempo esas canciones dieron sentido a tantas de esas cosas que sentía. Aprendí poesía y amor, política y anatomía, casi lo imprescindible para sobrevivir, para sobrevivir incluso en fiestas.
Me es muy difícil resumir estos últimos días del comienzo de otoño.
He sentido tanto y tan diferente. De la enorme alegría a la terrible tristeza, el miedo, la convulsión. He pensado mucho en la capacidad de sentir.
En la juventud era un pequeño abanico apenas abierto donde la parte a descubrir superaba por mucho la superficie extendida. Con la edad se van desplegando nuevas emociones, miedos, temblores, pasiones. Un sentimiento por cada varilla, un matiz en cada pliegue. A veces puedes elegir extender otro doblez, abrir el alma, estar dispuesto a sentir. Otras no hay elección y la vida con un golpe seco, abre el abanico.
Tal vez se trate de eso, de desplegar el alma, llenarla de matices y luego agitarla lentamente, mientras el aire de la vida te acaricia la cara.