Alina, la gorriona, paseó inquieta por el alfeizar de la ventana. Se acercó al borde, se asomó y volvió más cerca del cristal de nuevo. Esponjó sus plumas moviéndolas nerviosa, un par de pelusillas salieron volando, por primavera había comenzado a mudar el plumaje.
Se miró en el cristal de la ventana donde estaba apoyada. No era una gorriona muy bonita. Tenía manchitas marrones en la plumas y un pequeño corte cerca del pico de un perdigón perdido en el campo, cojeaba algo a causa de una vieja herida de una vez que se apoyó en una alambrada. No podía desplegar del todo su ala derecha así que había que tenido que aprender a planear eligiendo con cuidado las corrientes de aire.
Volvió a mirar al horizonte, calculó la distancia hasta el siguiente cable eléctrico donde poder hacer escala. Parecía no decidirse así que abrí la ventana y le ofrecí mi mano. Se subió a ella con confianza, me miró con sus pequeños ojos negros y picoteó las pocas migajas de esperanza que me quedaban.
“Alina no te salves”, le dije. Cerró un par de veces sus ojillos y sacudió la cabeza. Alzó el vuelo con un trazado algo defectuoso, como ella. Y me dejó allí, apoyada en el alfeizar mientras la veía desaparecer en el cielo, llevándose su incertidumbre y mis esperanzas.
Neruda y sus versos mas tristes...
(dadle un poquito de tiempo para que se cargue bien)
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Se admiten peticiones de autores para el próximo jueves
“Olvido ¿es necesaria tanta crueldad?”
“Si te ha parecido cruel es que era necesario”
Mientras cuadraba los saldos de otros ha aparecido una antigua compañera de trabajo que volvía de viaje con los encargos de cremas y perfumes para las demás. Una de ellas le preguntaba por la colonia de su novio. Sin levantar los ojos del papel y haciendo bailar la pluma entre columnas de haberes, he sonreído involuntariamente al reconocer el nombre del perfume masculino.
Tan sólo unos segundos he tardado en volver al presente y de pronto mi compañera estaba delante de mí. Casi no lo he visto, pero sabía que aquel frasco transparente mate estaba frente a mí. Ni siquiera he reaccionado cuando ha presionado el vaporizador. Horrorizada las gotas de perfume han salido salpicadas a mi cara, mis brazos, mi cuello, mi pituitaria y mi memoria.
He esperado hasta que he hecho la primera inspiración porque me imaginaba lo que ha pasado. Todo me ha golpeado y he estado a punto de caer, cómo si el expreso de mercancías me hubiera arrollado con el peso de un verano, de medio otoño…
Tal vez escribiéndolo con cuidado de que no se mueva el aire y lo conjure, tal vez sea simplemente que es pronto o demasiado tarde.
En la entrada de mi trabajo hay un ficus enorme. Lo cierto es que salvo regarlo nadie le presta más cuidado.
Recuerdo cuando lo trajeron, no llegaba al metro y tenía muy pocas ramas. Durante las primeras semanas lo vi perder las pocas hojas que le quedaban. Cuando se aclimató le empezaron a salir brotes y enseguida se alzó colándose por el hueco de la escalera de caracol.
Ahora me hace cosquillas en los tobillos cuando subo por los escalones de madera, asomándose un poco más a cada paso.
El ficus llegó la semana después de llegar yo, que sigo midiendo metro y medio mal medido y que no me he acabado de aclimatar. Después de diecisiete años juntos ya lo siento un poco mío, así que la semana pasada que hacía años que llegamos el ficus y yo, me planté en el despacho del jefe y le dije “Quiero de regalo de aniversario en la empresa el ficus. Si un día cerramos, yo me llevo el ficus”
Ha sido un fin de semana raro, raro de rareza, atípico, nostálgico, de reencuentros y encuentros y desencuentros. De conversaciones y sobre todo de silencios.
Los viernes la estación de tren suele estar más llena, sobre todo si a las personas se juntan los fantasmas de las despedidas que allí habitan. Esas despedidas definitivas sin saberlo, últimos besos inconscientes de ser últimos.
Allí encontré un reflejo. Inmóvil. Pero cuando la visitante, a la que estaba esperando, bajó del tren lo atravesó difuminándose. Se me hizo la alegría inmensa y contuve las lágrimas porque las de felicidad siempre son más fáciles de diluir.
Nos abrazamos con la solidez de la amistad mantenida en la distancia, con el gozo de las llegadas, con las pocas palabras que hacen falta con quien bien te conoces. Más encuentros y lugares, risas compartidas y yo mirando el fin de semana con serenidad.
Estaba el sábado vendido, satisfacción del trabajo bien hecho y mucho cansancio. Pero a las visitas no se las manda a las diez a la cama y las ideas, no siempre igual de afortunadas, nos prepararon para vivir la casi luna nueva.
Algunos hilos conectores tienen vida propia, así que no importa que no los enchufes. Y así entre el volumen inaguantable, el olor a sudor y humo llegué a olvidar que debía de callar. Para qué preguntarás si no te puedo contar nada que no sepas sólo con mirarme y viceversa. Por segunda vez en el fin de semana evitaba las lágrimas.
Hoy por la mañana, ya ayer, he sentido los pulmones expandirse con dolor y el ibuprofeno compartido antes de abrir los ojos ha conseguido mantenerme en pie. He mojado en el café con leche las legañas y media docena de arrepentimientos mal tragados con el ron.
Esta tarde al empezar a escuchar el recital de Benedetti, sentada a oscuras en mi butaca, acompañada, pero sola, con la serenidad de las verdades enfrentadas, al relajar las poses y cerrar los ojos, he podido abrir el alma y los lagrimales con resaca.
“la soledad es un testigo mudo
de lejanas y ajenas multitudes
de culpas semejantes a la tuya
de prójimos no menos solitarios”
Un poema y una recomendación para el fin de semana.
Amor de tarde de Mario Benedetti
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Desde el día 20 hasta el 23 Teatro de la estación
'Recital Benedetti', sobre textos de Mario Benedetti
HORARIO
Jueves 20: 21.00 h. (día del espectador)
Viernes 21: 22.30 h.
Sábado 22: 22.30 h.
Domingo 23: 20.00 h.
Es una pena ver como una pareja se distancia y su relación se va difuminando. Todavía es peor si tienen hijos y si son tus amigos.
Cuento entre mis amistades con algunas personas que de una u otra manera se han dedicado a la política. No lo digo precisamente con orgullo porque en la mayoría de los casos he visto a esas personas distanciarse de su familia, romper su pareja, perder su dignidad, sus principios y avanzar desaforadamente hacia no se sabe muy bien donde.
Supongo que cuando llegas a tener cierto poder en política, aunque no seas un gran alto cargo te entra una especie de borrachera que te hace creer importante, diferente. Luego cuando llegas a tu casa y lo que te espera es tu mujer con tus hijos que no son ni medianamente tan interesantes como lo que vives fuera de casa. Tu pareja es probable que para tú puedas conseguir los objetivos de tu vida haya sacrificado los suyos propios, y ahora resulta que quedan pocas cosas que compartir cuando os sentáis a cenar.
Ya te has olvidado de cuando tenías un trabajo de levantarte a las seis de la mañana pero luego salías lo antes posible para llegar a casa. De todo lo que hacíais juntos por las tardes, de los paseos con los niños por el parque, de ir a la compra en familia, de ayudar con los deberes. Aquel trabajo de persona queda tan lejos que ahora piensas que era insignificante. Es mucho mejor largarse por la mañana y volver a las 11 de la noche cada día, o desaparecer tres días seguidos de reunión en reunión pensando que te dedicas a salvar el mundo.
Salvar el mundo, que ironía, cuando tu propio mundo, el más cercano, se desmorona como cualquiera de los castillos que has ayudado a tus hijos hacer en la playa, cuando todavía ibais juntos de vacaciones, claro.
Ella dice que le haces la guerra fría pero en realidad has dejado de hablar con todos, hasta cuando nos reunimos a cenar pareces un muñeco articulado que sólo mueve la cabeza para decir sí o no. En qué estarás pensado, seguro que en la lucha por la igualdad y la justicia, tal memez crees que te guía y eres terriblemente injusto con los tuyos propios, los que te quieren. Y ella con su apoyo y su amor incondicional durante tanto y tanto tiempo. Desde luego vas camino de perder mucho más de lo que ni siquiera intuyes, porque no creo que seas tan ingenuo de pensar que esos que te acompañan, el resto de los carroñeros, son tus amigos. Los que hoy te chupan el culo te intentarán degollar en la primera oportunidad y a los que tú vas chupándoselo te mandarán a la mierda en cuanto no seas útil.
Tal vez haya otra forma de dedicarse a la política, pero yo no la conozco y no creo que de momento exista.
Vuelta domingo, abril 16, 2006 |
Espero que lo hayáis pasado bien estas vacaciones, pero sobre todo espero que hayáis vuelto...
Yo he estado guardándoos la ciudad.
Y aunque no me he ido, estoy de vuelta.
Fueron tantas las palabras que gasté en tu presencia,
las metáforas y cuentos,
las líneas continuas y las dis-con-ti-nuas,
los puntos y aparte .
Los puntos y seguido . Los puntos suspensivos ... que se escapan entre los dedos y todas aquellas comas ,,,,,
cambio de reglón,
alineado en el centro
Tu nombre en negrita en el encabezado, dos puntos :
y a pie de página mi rendición
Punto y coma ; todavía te quiero.
Decisiones jueves, abril 06, 2006 |

A veces me siento incapaz de tomar una decisión.
Me veo con dos coletas y un vestido corto de flores. Los mofletes sonrosados y un montón de pecas pintadas con pincel.
Delante de mí se ofrecen varias puertas, cada una de un color brillante distinto. Está la puerta roja, la azul, la verde y una naranja intenso. Están rodeadas de bombillas como en un concurso de la televisión. Brillan hipnóticamente y mi mirada pasa de una a otra sin saber cual elegir.
De la nada sale un presentador gravemente perturbado. Lleva pantalones blancos y una chaqueta a franjas azules y blancas, con un horrible pañuelo rojo al cuello. Tiene uno de esos bigotillos minúsculos pintado a cada lado del labio superior. El pelo es una masa grasa de raya al lado compactada con gomina. Su mirada lasciva me repasa de arriba abajo y me sujeta de los hombros encarándome a las puertas, mientras babeante me susurra con su lengua de serpiente.
“¿Qué puerta elegirá señorita Athena? Se le acaba el tiempo. Detrás de una de las puertas se esconde la felicidad, pero alto antes de que se precipite tengo que advertirle que si cruza la equivocada nunca volverá sonreir.
Una vez que esté al otro lado no habrá vuelta atrás"
A veces me siento incapaz de tomar una decisión y lo peor es que cuando no eliges, la vida lo hace por ti.
Sin ganas sábado, abril 01, 2006 |

A veces aún deseo ser la otra Danae.
Esa que permanece dormida en el tiempo.
Estamos bien. Escribiré pronto de nuevo.