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Imprevistos lunes, enero 30, 2006 |

De las cosas que han pasado mientras escribía regalos.

El año viejo me miraba con la certidumbre de haber agotado todas sus vías, de no tener ya secretos. Cuando la noche del 29 me pasaron tres cosas totalmente imprevistas.

Tenía una cena con mis amigas, de esas de risas y poco compromiso, de esas a las que estás encantada de ir. Los niños andaban de campamentos. El móvil sonó. Era del trabajo. Nuevo horario, nuevas responsabilidades. Era una buena noticia. Pero el aluvión de cambios que se avecinaban era ciertamente preocupante.

Abandoné la costumbre de salir en nochevieja el primer año que salí. Debía ser el año 1989. Así que la propuesta de una mis amigas me hizo levantar una ceja. Luego añadió todo aquello de que iban a venir amigos que hacía tiempo que no me veían, que en el sitio donde habían quedado estaba alejado del mundanal ruido, que nunca había mucha gente… Aún sigo pensando qué fue lo que me hizo contestar que iría.

Llovía a mares cuando volvimos a salir a la calle Alfonso. Entonces apareció él, como no con un paraguas guareciéndonos a las cuatro. David es ese tío qué todas las mujeres desearían. No porque esté especialmente bueno. Pero cumple los deseos femeninos como si fuera ese tipo de la peli que leía la mente de las chicas. David es una de las personas que mejor me conoce. Me conoce tanto que procuro no mirarle a los ojos (por lo de si me lee el pensamiento) Así que cuando se enteró que había dicho que saldría el 31 levantó la ceja contraria a la que yo había levantado diciendo que no se lo iba a perder.

David nos llevó a casa, como no. Me dejó en el portal y antes de bajarme de su coche me hizo dos preguntas: cuando había pasado y cuánto iba a tardar.

Yo miré por el cristal del coche. En mi reflejo la lluvia hacía descender una lágrima de mentira por mi cara. Y me acordé de otro reflejo.

Mis repuestas fueron: cuando se entierran a los muertos y a algunos vivos y que no sabía cuánto tardaría porque se me acaba de soltar el segundero del reloj. Y me bajé del coche sabiendo que David no necesitaba una respuesta más larga ni más concreta para entenderlo todo.

Mirando al cielo viernes, enero 27, 2006 |

Hoy la Luna de las seis de la mañana abría un paréntesis plateado.

Y un poco más allá Venus circunspecta y expectante la miraba preguntándose cuanto duraría.

Goto U domingo, enero 22, 2006 |


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Silba la cafetera para recordarme que no estás. Apaga el fuego, grito sin abrir la boca. Con la toalla en la cadera y prisas mojadas, convirtiendo el pasillo en una pista de patinar salgo de la ducha para que la cafetera deje de silbar.

Suena el teléfono y preguntan por ti. Hay días en que todo se conjura alrededor de tu ausencia. Me quemo al echar el café y me pongo a llorar cuando me escuece la piel. Ahora la quemadura me acompañará todo el día, recordándome que llamaron preguntando por ti y que no estabas.

Ya no queda nada. No voy ni vienes. No hay mensajes al móvil, ni miradas cómplices, ni dobles sentidos de esos que sólo nosotros entendíamos. Cuando conduzco y mi mano cae de la palanca de cambios al asiento de al lado no encuentro la tuya y el tacto de la tapicería me humedece los ojos. Ya nunca se rozan nuestras manos cuando paseamos.

Hasta la huella de tu peso en el colchón se está difuminando. Tenías razón con el látex, poco a poco todo vuelve a su estado inicial. Como si nunca hubieras estado aquí. O tal vez nunca lo estuviste.

Busco por toda la casa ese leve rastro que me cuente que no todo fue una mentira, que me de al menos un punto de apoyo para que el olvido no haga suyo lo poco que me queda de ti, tus recuerdos.

Pero ya no queda nada. Ni siquiera alguna pastilla de jabón que dejaras en un descuido, o una camiseta en el tambor de la lavadora que se quedara sin tender. Nada a que poder abrazarme y buscar tu olor por las noches como un cachorro.

No me quedan ni las palabras, esas las gasté enseguida para maldecir y buscar consuelo. Y luego tener que volver al eco del pasillo, de la estantería del baño vacía, de las toallas sin carmín y la cama deshecha.

Yo sigo buscándote en el trabajo cuando entre línea y línea creo leer: goto U


De Presentes el regalo para elmasmalo

Dentro de la historia jueves, enero 19, 2006 |

Siempre me imaginé un poco protagonista de esos relatos que escribe. Donde mi cuerpo se convirtiera en una geografía inmensa, recorrida por las palabras.

Despertar tumbada, desnuda, boca arriba, con la cabeza hundida en la almohada. El brazo izquierdo estirado por encima de mi cabeza y la mano en la nuca. El otro, paralelo a estas curvas imposibles con la mano posada en la colina que dibuja la cadera.

Minúsculo, casi inapreciable desde allí con mi miopía. Sentido por sus diminutos pasos como hormiguitas de excursión desde los dedos de mis pies donde pudo izarse como si fueran paredes destinadas para ello. Hacer equilibrios por mis piernas y usando mis rodillas de cordillera montañosa para subir. De bajada tomar impulso por mis muslos como una gran rampa y resbalando quedarse varado a la altura del ombligo. Cruzar el desierto que se extiende hasta mi barbilla, entreteniéndose a beber en los oasis emergidos sobre las dunas.

Descender acariciando mi cuello. Reposar apoyado en el mullido lóbulo de la oreja para afrontar con ímpetu el último tramo del viaje. Ascender con la confianza de quien se sabe cerca. Frotar con empeño sacando los rosados de las mejillas. Peinar con mucho cuidado mis pestañas usando un minúsculo rastrillo y pellizcarme en la nariz para que despierte. Mientras se queda mirándome con cara de estar a punto de decir:

“Date por muerta
amor,
es un atraco.
Tus labios o la vida”


De Presentes el regalo para Rafael P.Q. que habita en El niño Serpiente

La historia de la foto domingo, enero 15, 2006 |

La foto del post de ayer.

Ya no se puede llegar hasta los pies de esa iglesia. Es la torre de la iglesia de Mediano que habitualmente está sumergida.

Siempre me había fascinado verla salir del agua un trocito. Este verano cuando llegué al pirineo estaba seco, todo totalmente seco. Cogí la cámara de fotos y me fui hasta allí, a tocar la puerta llena de barro. Estuve mucho rato allí y cuando me di cuenta tenía una tormenta de verano encima. Atravesé el embalse en una cortina de agua y rayos a campo abierto. Hasta que pude guarecerme en el coche.

Supongo que para la gente que me vió a la vuelta les debí parecer medio loca. Tampoco importaba mucho.

A veces sólo hay una oportunidad en la vida de llegar hasta el puro centro de algo. Y yo, para bien o para mal, soy de las que las aprovechan. Aunque a la vuelta tenga que correr, me moje y caiga sobre mí toda la ira del cielo.

Ángulos adyacentes sábado, enero 14, 2006 |


Por pasillos paralelos
Viéndote a intervalos
Por las puertas que dejaste abiertas

Protagonista breve
De este corto sin heroína
Desde la irracionalidad más absoluta
Declaraciones para las mañanas de mayo

Segmentos ensamblados
Reglones a cierta distancia
Férvidas conexiones ajustadas
Palabras en mínima cadencia
Metáforas en decreciente
Bucles de líneas rizadas
Símbolos con pausa precisa

¿Qué hace falta
para escribirse en verso / en las horas impares?

De Presentes el regalo para mrmann que habita en Amor y Provocación

Hoy os quiero contar... jueves, enero 12, 2006 |

...que me he puesto a fabricar recuerdos

Al fondo del bar martes, enero 10, 2006 |

Perdió el mapa del mar donde ardían las promesas.

Cada noche de sábado se pasea descalzo de bar en bar. Entra con la esperanza de encontrarla allí, porque una vez la perdió. Hace ya tanto tiempo que no sabe si podrá reconocerla.

Sus pies serpentean en el piso de los locales atestados de personas que parecen divertirse. Se hunden en las promesas incumplidas, las sólidas decepciones y las frágiles esperanzas en forma de líquido derramado. Entre sus dedos se pasean espejismos dorados que desaparecen en cuanto se agacha un poco para verlos. Esquiva los cristales de los vasos de los que todos hemos bebido alguna vez, hechos añicos por la imperfecta realidad.

Vaga sin mucha fe, sin encontrar suficiente alcohol para olvidar, pero con el anhelo intacto.

En alguna ocasión se deja arrastra al fondo del mar por alguna sirena de rubia melena que buceaba entre la incertidumbre. Pero siempre cuando la sirena decide dejarle morir tiene que volver a la superficie braceando con todas sus fuerzas. Es entonces, cuando cree que no llegará, que los pulmones le estallarán antes de alcanzar el oxígeno, cuando se le nubla la vista y las formas se tornan difusas, es entonces cuando la vuelve a ver.

Pierde el conocimiento. Cuando se despierta está en alguna playa con forma de barra de bar donde otros faunos y otras sirenas se apilan y otros hombres y mujeres despiertan en otras playas siempre abandonadas.

Y sale a la calle, descalzo, donde el alba asesina las últimas esperanzas de la noche.
De Presentes el regalo para Hombrefrío que habita en Añoranzas y Pesares

El libertador cautivo sábado, enero 07, 2006 |

Miro con extrañeza el último prozac que queda en el bote. En los otros botes hay píldoras en cantidades desiguales. De las granates unas veinte, las verdes no más de quince, las bancas y rojas todavía quedan cuatro tabletas casi enteras. Pero las que más me gustan son las de prozac. Es por el nombre: prozac, suena tan bien casi como hacen sentirme.

Me la acerco a los ojos. Hay dibujada una margarita minúscula: me la tomo, no me la tomo parece decir. Al final me la tomo pero guardo debajo de la lengua la azul de dormir para esconderla en el agujero que he ido haciendo en el colchón.

Después de la última ronda saco, de debajo de la almohada, la llave que le birlé a la enfermera. Es esa tan guapa que siempre me acaricia la cara como si fuera su hijo y yo me abrazo sin resistirme, empotrando mi cara entre sus pechos. Oliendo el perfume barato, con el que baña su piel cada día, creo recobrar la cordura. Aunque sólo sea por un momento. Pero no, no me puedo quedar aquí, ni aunque me gusten los abrazos de mi enfermera. Tengo una misión.

Un día de visita me trajeron unos folletos de publicidad. Claro cómo el médico no quiere que lea la prensa porque me alboroto, ni libros, porque una vez intenté suicidarme por empacho de papel. Ya le expliqué que era para que la historia me entrara mejor, pero no me creyeron. Así que sólo me traen pequeños folletos. Pero han resultado ser octavillas que contienen mensajes en clave. Y yo, el que creían que estaba loco, las he descifrado.

Salir de la residencia es un juego. Ellos nos lo saben pero desde mi cuarto he averiguado que hay un rato que la entrada se queda sin vigilancia. Vaya debería haber cogido algo más de ropa parece que hoy refresca. Es fácil llegar porque por todo el recorrido hay unos carteles gigantes para despistar. Qué mejor forma de camuflar un mensaje secreto que en unos carteles a la vista de todo el mundo.

Las estatuas de la entrada tienen un código secreto para abrir la verja. Tengo que conseguirlo…

"Hoy cerramos los informativos con la noticia que todo el mundo comenta. En la pasada noche se ha registrado una nevada en toda la Isla de Tenerife.
Como consecuencia de la bajada anormal de las temperaturas los operarios de la limpieza han encontrado a un hombre de unos treinta años con una fuerte crisis de hipotermia en las escaleras de acceso del parque LoroPark.
Nos han informado que podría ser un perturbado fugado del Hospital Psiquiátrico y que este hecho estaría relacionado con la fuga masiva de más de la mitad de todos los animales de dicho parque.
Siguen las investigaciones ya que los animales se encuentran en paradero desaparecido y se rumorea que podría haber sido un golpe de alguna organización ecologista planeado desde dentro."



De Presentes el regalo para El replicante

Intuición viernes, enero 06, 2006 |

Ya intuía yo que este año iba ser un buen año.
Entonces llegaron los reyes magos y para confirmármelo dejaron esto dentro de mis pequeños zapatos.

El salto miércoles, enero 04, 2006 |

Si esto fuera el video de una canción podría ser la protagonista donde un ventilador gigante simula el viento que alborota su pelo. Subida a la azotea de un rascacielos, recuerda mirando al vacío y caen las lágrimas gracias al colirio.

Levanta los brazos y el vestido de gasa se agita desordenado. Mientras la música de su canción sale de unos altavoces gigantes recorriendo la azotea del edifico. Es el centro de atención de todo el equipo de grabación.

Hace ya mucho que dejó de ser la heroína en dramas inventados en su propia bruma. Por eso hoy puede enfrentarse con ese vértigo que antes la atenazaba. Se asoma por el pretil y ve allá abajo la ciudad y su vida que le espera para seguir viva un día más, un hora más.

Decide saltar sin pensárselo. Cuando está cayendo se da cuenta de que no tiene miedo y extiende los brazos hacia atrás y planea sobre las casas, los colegios, los parques, como si siempre lo hubiera hecho. Vira inclinando los hombros ligeramente cambiando de dirección. Ve desde la altura la casa donde vivía de pequeña y un poco más lejos la casa de sus abuelos.

El viento, esta vez real, le azota en la cara, que siente revivir con el frío. Ve un claro en los límites de la ciudad y piensa que es el momento de aterrizar y terminar con su viaje. Intenta tomar tierra de pie, pero del impulso cae golpeándose y dando varias volteretas.

Ella se despierta en la arena, se ha caído de la hamaca. Mientras soñaba la brisa procedente del mar se ha convertido en fuerte temporal.

El sueño le hace pensar en porqué nunca ha volado y decide que es un buen momento en su vida para saltar al vacío, extender la alas y aprender a planear mientras se ejercita en el vuelo. Que ningún pájaro nació aprendido.

De Presentes el regalo para Brisa Urbana que habita en Claraboya

Derechos no escritos lunes, enero 02, 2006 |


Diez mañanas de invierno
Con los tonos aprendidos

Veinte gotas de rocío
Los amores que no he llorado
Tienen frío en las manos

Treinta cuatreros desafiantes
Descienden por la última colina
Reclaman los derechos de autor
Del último cuento escrito / de un trazo

De Presentes el regalo para aminusculA que habita en De un Trazo

Cuentos y regalos |

Contaba mi abuela que en una plaza de Talavera de la Reina estaba la casa de las palomas. Era un palomar blanco, labrado con ventanitas, lo rodeaba una pequeña verja y un palmo de agua. Dice que allí acudían las palomas y los niños jugaban cerca.

El tiempo la deterioró y ninguna autoridad se ocupó de restaurarla. Cómo pasa con las cosas pequeñas que sólo sirven para sumar belleza. La última vez que mi abuela la vió ya no había palomas. Se caía a pedazos en las ruinas de su infacia.

O al menos la memoria de mi abuela y mi imaginación así la dibujaron.


Con el primer día del año llegó Rafael y su regalo por encargo dejándome sin palabras. Lo cual ha sido muy apropiado teniendo en cuenta que es el tercer día que me ataca la maldita afonía.

Y esto no es tú regalo es la prenda por el tuyo.