Niño otra vez miércoles, noviembre 30, 2005 |
El otro día os contaba mi faceta de
voluntariado. Pues bien hoy os voy a desvelar un poquito más en beneficio propio, por supuesto.
Lo único que me gusta de la navidad es el acontecimiento que se producirá el próximo fin de semana. Una vez al año participo
el proyecto de Intermón Oxfam del “Rastro de Juguetes”, sí además de todo lo demás. Ya lo dijo Dorian, soy voluntaria compulsiva.
Yo, que odio el espíritu navideño, esos días me enfundo el gorro de Papá Noel y me dedico a la venta de juguetes por una buena causa. De paso hago mi guerra particular, en la medida de lo posible, a la sociedad de consumo.
Cada año desde hace 10 me quedo pasmada de la cantidad de juguetes que se donan. Muchos de los juguetes sólo han sido sacados de la caja y vueltos a meter. Ya no sé si es que los niños de hoy en día no juegan o es que se regalan en cantidades ingentes.
Durante un mes muchas personas, en su mayoría jóvenes de entre 16 y 99 años, cuentan piezas de puzzles, limpian muñecos, prueban trenes eléctricos, y se convierten en niños que juegan/reciclan miles, sí, sí miles de juguetes.
Son muchas horas en un almacén helador donde sólo hay una pequeña estufa eléctrica. Aunque si alguien se asomara por la ventana vería que no pasan frío porque el calor está dentro de ellos. Todo para que cuando comienza la venta los juguetes estén listos.
Así que ya no hay ninguna excusa para que no vengáis a comprar juguetes para estas fiestas navideñas.
Si tienes hijos o sobrinos tráelos, van a alucinar con la que se monta. Y si no hay ningún niño cerca de ti pues da igual, se pone cara de tío y te compras lo que siempre quisiste tener, ese tren que saca humo de verdad por la chimenea, o un puzzle tridimensional, aquella barriguitas igualita a como la de cuando eras pequeñas, media docena de peluches o el Halcón Milenario. Y todo además a precio de juguete.
Y por si no fuera suficiente aliciente al que venga y me encuentre le invito a café.
-“¿Vas cortarte el pelo?”
-“Sí, como siempre cortito”
-“Y porque no te lo dejas así, ni corto ni largo. Que te lo arreglen un poco pero con esa largura”
-“No, porque dentro un par de semanas se me pondrá ya cara de Blancanieves”
-“Bueno no estás mal con cara de Blancanieves. Mejor Blancanieves que el increíble Hulk”
-“¿Así que soy como el increíble Hulk cuando me corto el pelo?”
-“Pues sí. Se te afila la cara y parece que estés de mala leche permanentemente “
-“Pues entonces prefiero El increíble Hulk”
Así que ya sé lo que le diré a la peluquera. "Córtame el pelo pero procura que no parezca el Increíble Hulk."
Cada domingo van a comer. Ella prepara paella y se asoma por los visillos hasta que los ve aparecer por la esquina de la calle.
Cuando llegan se comería a besos a su nieta que siempre le pide mientras ponen la mesa que le cuente las historias de cuando era más joven. Ella hace memoria y la misma historia dura casi toda la comida.
A la pequeña le gusta escuchar cuando su abuela se tenía que salir del cine antes de que acabara la película porque no podía retrasarse en llegar a casa. Y cómo ella y su hermana mentían si llegaban tarde diciendo que se les había escapado el tranvía. Ella siempre acababa diciendo la verdad y la castigaban a pesar de que casi tenía ya veinte años.
“Abuela cuéntame lo de tu novio maestro” pide la pequeña sonriendo con picardía y su madre le dice que deje en paz a la abuela. Pero la abuela también sonríe. Así le cuenta que tenía un novio maestro que iba a recogerla cuando ella salía de coser de una casa bien en la que trabajaba. Él la esperaba en la acera de enfrente, con su traje de los domingos, barato porque su sueldo de maestro no daba para más, pero siempre arreglado y limpio.
La pequeña pide en un susurro sin la oiga su madre “Abuela, lo del beso. Cuéntame lo del beso” La abuela baja la voz y le pone mucho misterio. Le explica como no podían salir sin “carabina” que siempre su hermana se sentaba en medio en los bancos. Pero alguna vez conseguían darle esquinazo y se echaban a correr por algún callejón para darse un furtivo beso. “¿En la boca, abuela?” La abuela asiente y la cara de ambas se llena de malicia.
Luego la abuela tuerce el gesto, se le humedecen los ojos y le habla de la guerra. De cómo ya no supo nunca más de él. Que ella podría haber tenido otra vida. Que no ha tenido hijos porque se casó ya mayor con un viudo con dos hijas.
Y la niña exclama alarmada “¡Pero abuelita, entonces, no te habría conocido!”
Y sus ojos cansados, acuosos, brillan de nuevo. La coge, la sienta en sus rodillas y le dice, abrazándola, que eso, no lo cambia por todos los besos de mundo.
El robo lunes, noviembre 28, 2005 |
Hoy he sentido que me robaban un sueño.
No era un sueño cualquiera, era uno donde yo era la protagonista en la noche de otra persona. Y entonces he visto como me sacaban de allí, me suplantaban y me echaban sin contemplaciones.
Tenía tantas cosas que decirle, pero olvidé cómo hacerlo cuando se me acabó el tiempo. Y peor que cenicienta tuve que volver a casa con un zapato en la mano y llena de harapos…
Cada calle y callejón, cada escalón, un beso, cada escaparate, pasaje, café, semáforo, cada trozo de cielo, cada gota de lluvia, esa foto que no existe, dos besos, aquel castillo, los pardos y rojizos, cada verso, ese trozo de papel que cae fortuitamente, algunos olores y sin sabores, cada beso, las notas de esa canción, ¿duermes?, una góndola, el deseo, verde sobre azul, cuarto creciente, la puerta de un cine, el curry, hojarasca, las dunas, la tienda de animales, leones en plata, torres de cristal y todos los besos.
Trayectos viernes, noviembre 25, 2005 |
Hoy se ha puesto verde el semáforo para cruzar la calle.
No hacía viento, ni llovía. He mirado a la derecha ni rastro de coches, a la izquierda tampoco. Me he agachado un momento para comprobar el firme del piso. No había socavones. La calle segura y diáfana esperaba a que acumulara el suficiente valor para cruzar.
Pero no he podido. Simplemente me he quedado allí clavada. Mientras te veía pasar. Sabiendo que no tenderías tu mano ni siquiera te he llamado.
Claro que algún día tendré que cruzar o esperar a que hagan un paso subterráneo para atravesar esta calle peatonal.
Y me violan y abusan de mí y se meten en mis venas y me salen por los dedos como un reguero de incoherencias y no descansan hasta que se ven escritas.
Las palabras me agitan y me agotan, me enloquecen y me dirigen, eligen mis actos y descubren mis debilidades.
A veces creo que de lo que estoy enamorada es de escribir, o tal vez de la misma concepción de amar a través de las palabras.
Cuando ella toma el control
Las blondas se vuelven rojas
Se inundan los desiertos
Y espesa el vino.
Cuando ella toma el control
No hay medidas disuasorias
Se afilan las lenguas
Saltan las alarmas
Crece el valor pero me mete en problemas
Alimenta mi cuerpo, descuida mi alma.
Cuando ella toma el control, yo duermo.
El otro día me comentó una persona que había llegado ya casi hasta el final de mi blog de leer. Acepté gustosa el halago, pensado que se refería a lo publicado desde octubre a esta parte en Blogspot. Mi sorpresa fue cuando me dijo que no, que eran todos los de Blogspot más los de Blogia. Y me entró un pánico tremendo. Lo único que hice fue mudarme y sin embargo es como si el otro blog fuera otra vida y a lo mejor no estoy tan desencaminada.
Muchos de vosotros ya habéis leído la mayoría, pero por si viene alguien despistado he salvado estos que colocaré con los enlaces.
1.-A contraluz
2.-Agujetas
3.-Caminos
4.-Despertar
5.-Ellos son
6.-Es busca de la propia identidad
7.-Espejos
8.-La cajita de música
9.-La hora del café
10.-Pastillas rojas para olvidar (II)
11.-Realidades reales
12.-Una vez sentí (I)
Y mi favorito…
12+1 Amnesia irreversible
Ya quisiera yo martes, noviembre 22, 2005 |
¿Habéis alguna vez ayudado a un ciego a cruzar o habéis cedido el asiento en el autobús a una persona mayor? ¿Recordáis la sensación de sentiros especiales, útiles? Pues ahora imaginad que hubiera un medio de multiplicar esa sensación por mil, por cien mil…
Hoy voy a hablar de mí.
Trabajo desde hace 11 años como voluntaria en distintas organizaciones. Aunque casi todo mi tiempo se va en la que junto con otras personas fundé y dirijo hace casi cuatro años.
Casi siempre que alguien se entera de que eres voluntario en tu tiempo libre te mira con total asombro. Pero en realidad no tiene ningún mérito, a pesar de lo que pongáis en los comentarios.
Ser voluntario es un acto de egoísmo. Hay personas que necesitamos pasarnos la vida arreglando el mundo para sentirnos bien. Algunos toman un camino putrefacto y se convierten en políticos, el resto, más o menos definidamente, nos hacemos voluntarios.
Ayudar a los demás es un medio de sentirnos un poco más realizados. Y esto es posible porque no hay ni un céntimo de por medio. Por eso sé que cuando acabo mi jornada laboral es cuando empiezo a vivir.
Te sientes libre de hacerlo porque es trabajo totalmente gratuito para tus iguales.
Es puro egoísmo porque se hace por el “chute” de felicidad que se siente. Y lo sientes tú, no la persona a la que has ayudado, aunque esa persona pueda sentirse muy agradecida.
La mayoría de la gente nunca siente esto. Aunque se sea muy consciente de los problemas sociales. Yo no podría dar un donativo. Mi ego necesita estar al “pie del cañón”.
Que el egoísmo de sentirse voluntario tenga como consecuencia el bien ajeno es una fortuna.
Cómo decía aquella canción, ya quisiera yo ser más lista y poder pasar de largo…
El duelo lunes, noviembre 21, 2005 |
"En el claro del Bosque de la Verdad.
Al amanecer. Con pistola. Sin padrinos, ni testigos.
Porque hay asuntos que no se pueden solucionar de otra manera."
Apenas el sol tocaba la tierra cuando llegó al claro. Era una fresca mañana de Julio. El bosque se abría como el Mar Rojo a la altura del Claro de la Verdad. Los árboles custodiaban el escenario donde tantos duelos antes se habían producido.
Ella ya había llegado. Vestida toda de negro. Con el único adorno de una gasa negra alrededor de su cuello. Ya tenía el arma en su mano y esperaba inmóvil delante del tocón donde reposaba la caja de las pistolas con la que quedaba.
“Bonito día. ¿Crees qué esto es necesario?”
Ella no contestó. Giró sobre sus pasos y se fue a colocar en la marca de inicio.
Juntaron sus espaldas y echaron a andar simultáneamente.
“Uno… por todos los besos…dos…por las noches …tres…por las esperas…cuatro…por los amaneceres…cinco… por la mentiras…seis…por las ausencias… siete …por el orgullo… ocho…por el pasado…nueve… por el olvido y diez”
Se volvieron apuntándose. A la distancia de los apenas veinte metros que les separaban veían brillar los ojos del otro.
Él disparó primero. La bala salvó el recorrido rompiendo el aire, una bandada salió de los árboles y todas las hojas del bosque temblaron.
Apenas le rozó el hombro izquierdo. Ella sintió un quemazón y una fina hilera de sangre escurriendo por su espalda. Se quebraron sus labios. Ella sabía que siempre había jugado con ventaja porque hacía mucho que ya había muerto. Se recompuso. Tenía las manos frías. Estiró el brazo. Ajustó el disparo a la izquierda del esternón.
Y disparó.
Hay una parte de mí en la que nunca quiero mirar. Allí están los miedos y las verdades, sobre todo las verdades.
Porque no hay nada que duela más que una verdad negada por nosotros mismos.
Y no me gustaría que en un arranque de valor desmesurado me encontrara de golpe con todas mis verdades negadas por tanto tiempo.
Por eso cuando se escapa una verdad me quedo petrificada en el umbral.
Por eso me asomo de refilón al cuarto oscuro que habita en mi interior.
Reflejos de agua imperfectos
Visiones opacas
Pellizcos por besos
Voces distorsionadas
Texturas en látex
Temor con pereza
Lágrimas silbantes
Cuarto y mitad de tristeza
Paredes torcidas
Dibujos del estucado
Y un trozo de cielo / en algodón deshilachado
Peticiones III domingo, noviembre 06, 2005 |
Del post
"Al gusto"Pues yo quiero que escribas sobre el otonio en Zaragoza, sobre lo que sería pasear por sus calles aspirando su aroma, embutido en una bufanda para guarnecerse del frío, escuchando a la ciudad y al Ebro, viendo las hojas caer y volver a levantarse en remolinos desde el suelo... Quiero que con tu cuento me lleves de vuelta a casa...Zaragoza se vacía en otoño, camino del invierno.
De pronto un día reparas que ya no hay niños en las calles y sólo quedan las estatuas de bronce como un mal sucedáneo de la vida. Los abuelos llevan un cartón para ocupar los fríos bancos, que cada día hay más de piedra y menos de madera.
Ya no puedes mirar a nadie a la cara y adivinar que tal día ha tenido, porque las bufandas y gorros tapan las caras y se te antojan burkas para sentimientos, entre oleadas de cierzo que hace andar de medio lado y cerrar los ojos para que no se meta nada. Que fue siempre el otoño una buena estación para disimular que se llora.
Cuando hay viento del norte no huele la papelera y el aire parece más limpio. Hasta hay momentos en que nos podemos creer que vivimos en una ciudad verde o parda u ocre en lugar de gris.
Hoy he visto los árboles que están enfrente de Kasán. Esos ciruelos que cada primavera consiguen que salga más tarde del semáforo porque se han cuajado de flores y que cada otoño se visten de color vino. Las catalpas de mi calle dejan caer sus enormes hojas al paso de los viandantes y la morera del final de la acera me recuerda que las mariposas de los gusanos de seda han muerto dejando sus huevos que deben estar fríos. Que no deben salir los gusanos antes de hora porque si no habrá hojas para alimentarlos, porque ahora con la calefacción más de un año han muerto por exceso de calor. Y es que en invierno tiene que hacer frío.
Ahora que lo pienso no debe de quedar ni una de las hojas de la Plaza los Sitios que este verano me taparon de la lluvia una noche, una noche de verano, claro… Y los tilos de Independencia que me ayudan a olvidar las horribles farolas ¿serán de hoja caduca? Espero
que no, porque si no tendré que ir cabizbaja hasta que vuelvan a tener hojas.

El bulevar de la Gran Vía y Fernando el Católico me lleva como un río de dudoso verde, de dudoso otoño, de continua polución, hasta casi la entrada de un pequeño y cada vez más escaso oasis en gama de marrones otoñales, que nos engaña con su nombre de Parque Grande.
Y aquí, donde muchas noches el vaho crea efecto invernadero,
termina nuestro paseo
Espero haya sido del gusto de quien lo pidió,
una servidora no sabe hacerlo mejor.
P.D. para turistas: En Zaragoza cuando eres joven y no tienes piso, pero tienes coche, el Parque se convierte en el sitio para ir a abrazarte y otras cosas en cualquier estación. Los coches se llenan de vaho y algunas veces he pensado si no se vería desde lejos y vendrían a multarnos por el calentamiento global.
En blanco viernes, noviembre 04, 2005 |
La hora que va cada noche entre las dos y tres de la mañana es un hora angustiosa si todavía no me he dormido. Porque empiezo a calcular que ya no me da tiempo de dormir lo que necesito, apenas cinco horas diarias. Y cuánto más lo pienso, más nerviosa estoy, más frío tengo, más sola me siento y más insomnio tengo.
Es en algún momento entre las dos y las tres de las mañana cuando más fantasmas vienen a verme.
Y cuando pasa esa hora y alguna más y me voy quedando dormida agotada de tanto pensar, de tanto temer, de tantas y tantas vueltas dentro y fuera entonces… suena el despertador
Sentí que me devolvían el corazón que había dejado en préstamo.
Y me quedé con él en la mano, sin aliento.
Sin tener certeza de si quería que me fuera devuelto.
-"Yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo y también yo y yo, yo, yo....."
-"¿Crees qué estará así mucho tiempo?"
-"Ni idea, pero se le pasará"
-"¿Sí, se le pasará? Y ¿si no se le pasa?"
-"Pues nos vamos"
-"Pues vale"