La Felicidad

Hace unas semanas a mi hijo, el adolescente, le pusieron como deberes hacer una redacción bajo el título “Lo que me preocupa”. No podía hacerla sobre un tema genérico como el hambre del mundo o la contaminación, si no sobre un tema concreto de su vida.

Yo: “Se te echan los días encima y no has empezado”
Él: “Es que no tengo ni idea de qué hacerla”
Yo: “Algo habrá que te preocupe”
Él (pensando brevemente): “No”
Yo: “Piensa. Los exámenes de final de curso, lo que vas a estudiar”
Él: “Eso no me preocupa, ya se verá”
Yo: “Pues no sé ¿alguna chica?”
Él (mientras chatea en el ordenador) “Que no”
Yo: “Algún chico”
Él: “¡¡Mamá!!”
Yo: “Pues invéntate algo, pero tienes que resolver lo de la redacción”
Él: “Ya sé lo que me preocupa. La puñetera redacción, eso es lo que me preocupa”

“Después de mucho pensar sobre el tema que más me preocupa, he averiguado que lo que más me preocupa es encontrar un tema para esta redacción. [...]”

Como quisiera tener quince años y tener que hacer una redacción.

Reach

Lo encontré por ahí vagando.

Fields of Gold

No te quejarás

Hay cierta perversión en hacernos ir a votar, ahora que todos sabemos que el sistema no funciona.

Cuanto mayor es la falta más justificación se necesita, en este caso, millones de justificaciones en forma de votos.

Al final siempre alguien invoca a modo de mandamiento el “No te quejarás” que supongo es la base angular del sistema. No votas, no te quejas, cómo si votar fuera alguna forma de quejarse o como si el derecho a la justicia dependiera de ser cómplice en el sistema.

Al final, a los de siempre, nos convencen con aquello de que una vez las mujeres no podían votar y en otro tiempo nadie y que tantos murieron por el derecho al voto. Lo cual no es cierto, murieron por algo más justo, por un camino hacia la utopía. Nadie murió nunca por el enriquecimiento de constructores y banqueros amparados en la misma constitución que nos permite votar con ese cinismo de integrarnos en el todo.

Así que, al menos, me he vestido de blanco como una novia en una tibia mañana de junio, y he recorrido los metros que separan la madriguera del colegio electoral.

Hay cierta perversión en seguir votando de brazos cruzados.